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25/9/10

EL PARPADEO DE LA LECHUZA

Es muy interesante la historia del joven que tenía el hábito de criticar a todo y a todos.
Cierta noche, mientras aguardaba por un micro, de pie junto a una gran multitud
que hacía lo mismo, desvió su atención vidriera de una tienda que vendía animales embalsamados.
Bien en el centro de ella había una gran lechuza.
Atraía la atención de todos que por allí pasaban.

El joven, asumiendo la condición de "experto en el asunto," empezó a criticar el trabajo hecho por el profesional de la tienda.
"Si yo no fuese capaz de hacer un trabajo mejor que ése," habló pomposamente, "iría a buscar otra profesión.
Vean solo, la cabeza es gigante, la posición del cuerpo es antinatural y los pies están apuntados en la dirección equivocada.
“En este exacto momento, la lechuza giró la cabeza, miró para el joven y dio un ancho parpadeo.
Todos que estaban allí y escuchaban al "experto" echaron a reír mientras él se alejaba rápidamente en busca de otro lugar para esperar su micro.

¿Hemos, en nuestra vida cristiana, actuado como el joven de nuestra historia?
¿Hemos tenido el hábito de juzgar y reprobar a todos, mientras, como hijos de Dios, deberíamos usar nuestros labios para bendecir y edificar vidas?
¿Estamos conscientes de nuestro papel delante del Señor, de ser sal de la tierra y luz del mundo?

Nuestro corazón se llena de regocijo cuando, por una palabra nuestra, un amigo se siente apoyado y, con el estímulo recibido, avanza firme en la conquista de sus sueños.
Una palabra mala, puede herir y llevar personas al desánimo, provoca un malestar interior que impide las bendiciones de Dios para nuestras vidas.

¿Sus palabras han engrandecido el nombre de Jesús o usted está necesitando recibir un parpadeo de la lechuza?

"¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y comenzás a ver la viga que está en tu propio ojo?" (Mateo
7:30)